Antibióticos: qué son, cómo actúan y por qué usarlos solo con receta

Pocos medicamentos han cambiado la historia de la humanidad tanto como los antibióticos. Transformaron infecciones antes mortales en problemas tratables e hicieron posibles cirugías, trasplantes y tratamientos de cáncer que dependen de la protección contra infecciones. Pero hay un detalle que mucha gente no sabe u olvida: el antibiótico solo funciona en situaciones específicas, y usarlo de forma equivocada no solo deja de ayudar, sino que amenaza uno de los mayores patrimonios de la medicina moderna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) coloca la resistencia a los antimicrobianos entre las mayores amenazas para la salud global, y el camino para contener esa amenaza empieza en casa, en la forma en que cada uno de nosotros usa estos medicamentos.
Esta guía fue construida para ser una referencia completa y responsable. Vas a entender qué son los antibióticos, cómo actúan, por qué no funcionan contra virus como los de la gripe y el resfriado, qué es la resistencia antimicrobiana y por qué preocupa al mundo entero, cómo el uso incorrecto alimenta este problema, qué significa usar antibiótico de forma responsable, cómo funciona la regla de la venta controlada en Brasil, cuáles son los efectos secundarios más comunes y cuándo buscar al médico. Un aviso vale para todo el texto: este contenido es educativo y no sustituye la consulta. La decisión de usar o no un antibiótico, y cuál usar, siempre es del médico que evalúa el caso. Aquí no hay dosis, ni nombres de medicamentos recomendados para enfermedades, ni incentivo a la automedicación. Todo lo contrario.
Qué son los antibióticos
Los antibióticos son medicamentos que combaten infecciones causadas por bacterias en personas y animales. Según MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, actúan de dos formas principales: matando las bacterias o dificultando que crezcan y se multipliquen. Cuando el sistema de defensa del cuerpo no logra vencer solo una infección bacteriana, el antibiótico entra como refuerzo, reduciendo la cantidad de bacterias hasta que el organismo consigue ganar la batalla.
Es importante separar el término de su uso popular. En el día a día, mucha gente llama "antibiótico" a cualquier medicamento fuerte, pero la palabra tiene un sentido preciso: se trata de una clase de medicamentos dirigida específicamente a las bacterias. No son analgésicos, no son antiinflamatorios comunes, no son antivirales y no son "remedios para todo". Cada clase de medicamento tiene su blanco, y el blanco del antibiótico son las bacterias.
Los antibióticos existen en varias formas de presentación. El NHS, servicio de salud del Reino Unido, recuerda que pueden venir como comprimidos, cápsulas, líquidos, cremas, lociones, aerosoles, gotas e inyecciones. Las infecciones más leves suelen tratarse por vía oral, mientras que las infecciones graves pueden exigir aplicación directa en la vena, en un entorno hospitalario. La forma, la elección del medicamento y la duración del tratamiento las define el profesional de salud según el tipo de infección y las características de cada persona.
Cómo actúan los antibióticos en el cuerpo
Para entender por qué el antibiótico funciona contra las bacterias y no contra los virus, hay que dar un paso atrás y mirar lo que de hecho ataca. Las bacterias son organismos vivos formados por una célula, con estructuras propias que las mantienen vivas y les permiten multiplicarse. Entre esas estructuras están la pared celular, que da forma y protección, y la maquinaria interna que produce proteínas y copia el material genético.
Los antibióticos fueron diseñados para atacar exactamente esas estructuras. Algunos dañan o impiden la formación de la pared celular, haciendo que la bacteria se rompa. Otros perturban la producción de proteínas o la copia del material genético, de modo que la bacteria ya no consigue crecer ni reproducirse. En ambos casos, el efecto es el mismo: la población de bacterias disminuye, y el sistema inmunológico consigue eliminar lo que queda. Por eso MedlinePlus resume la acción de los antibióticos como matar las bacterias o impedir que crezcan y se multipliquen.
Este mecanismo es elegante y específico, pero tiene un límite fundamental: solo funciona donde existen esas estructuras para atacar. Y ahí entra la gran diferencia entre bacterias y virus.
Por qué los antibióticos no funcionan contra los virus
Esta es, quizás, la información más importante de toda esta guía, porque es la que más se confunde en el día a día. Los antibióticos no actúan contra los virus. No es cuestión de "actuar un poco" o "ayudar levemente": simplemente no tienen efecto sobre las infecciones virales.
La razón es biológica. Los virus son muy diferentes de las bacterias. No son células completas, no tienen pared celular ni la maquinaria propia para producir proteínas y multiplicarse solos. En cambio, el virus invade las células de nuestro cuerpo y usa la maquinaria de ellas para reproducirse. Como el antibiótico fue hecho para atacar estructuras que existen en las bacterias, pero no en los virus, no encuentra blanco alguno cuando la infección es viral. Es como usar una llave que no tiene cerradura correspondiente.
Por eso, las fuentes oficiales son unánimes. Los CDC, agencia de salud de los Estados Unidos, afirman que los antibióticos pueden salvar vidas, pero no siempre son la respuesta. El NHS es directo al decir que los antibióticos no funcionan para infecciones virales como resfriados y gripe, y para la mayoría de las toses. MedlinePlus incluye en la lista de enfermedades virales que no responden a los antibióticos los resfriados, la mayoría de los dolores de garganta, la gripe y la bronquitis.
Enfermedades comunes que en general NO necesitan antibiótico
Reuniendo las orientaciones de los CDC, el NHS y MedlinePlus, estas son situaciones en las que, la mayoría de las veces, el antibiótico no está indicado, porque la causa suele ser viral:
- El resfriado común, con secreción nasal, estornudos y malestar.
- La gripe, causada por el virus influenza.
- La mayoría de los dolores de garganta, que suelen ser virales.
- La mayoría de las toses y bronquitis agudas (la llamada "gripe en el pecho").
- Muchos casos de sinusitis, sobre todo en los primeros días, que a veces cursan con dolor de cabeza.
- Muchas infecciones de oído, especialmente en niños, donde suele optarse por esperar y observar.
Atención a un detalle que genera mucha confusión: el color de la secreción, de la flema o de la nariz no indica, por sí solo, infección bacteriana. La secreción amarilla o verdosa forma parte de la evolución natural de muchas virosis y no es señal automática de que se necesite antibiótico. Quien define si hay indicación es el médico, tras evaluar el cuadro en su conjunto. Cabe decir también que existen excepciones: algunos dolores de garganta son bacterianos, como la faringitis estreptocócica, y algunas sinusitis e infecciones de oído pueden necesitar antibiótico. Justamente por eso la evaluación profesional es insustituible.

Qué es la resistencia antimicrobiana
Si el antibiótico es una herramienta tan poderosa, ¿cuál es el problema de usarlo de más? La respuesta tiene un nombre: resistencia antimicrobiana, muchas veces llamada resistencia bacteriana cuando hablamos específicamente de las bacterias.
La OMS define la resistencia antimicrobiana como el fenómeno en que bacterias, virus, hongos y parásitos dejan de responder a los medicamentos hechos para combatirlos, volviendo las infecciones difíciles o imposibles de tratar. En el caso de las bacterias, MedlinePlus explica que la resistencia ocurre cuando las bacterias cambian y se vuelven capaces de resistir los efectos de un antibiótico. En otras palabras, el medicamento que antes mataba aquella bacteria deja de funcionar.
La OMS hace una salvedad importante: la resistencia es, en parte, un proceso natural, que ocurre con el tiempo por medio de cambios genéticos en los microorganismos. El problema es que la actividad humana acelera mucho ese proceso. Cada vez que se usa un antibiótico, este crea una presión que favorece la supervivencia de las bacterias más resistentes. Cuando el uso es frecuente e innecesario, esa presión aumenta sin necesidad, y las bacterias resistentes se multiplican y se propagan.
Por qué es una de las mayores amenazas para la salud global
Los números ayudan a dimensionar el problema. La OMS estima que la resistencia bacteriana estuvo directamente ligada a 1,27 millones de muertes en el mundo en 2019, y contribuyó a cerca de 4,95 millones de muertes ese mismo año. Las proyecciones económicas también impresionan: la organización habla de hasta 1 billón de dólares en costos adicionales de salud para 2050 y de pérdidas anuales expresivas para la economía mundial en las próximas décadas. En los Estados Unidos, los CDC estiman que ocurren más de 2,8 millones de infecciones resistentes a antimicrobianos por año, con más de 35.000 muertes anuales como consecuencia.
Lo que vuelve la resistencia tan grave es que amenaza deshacer conquistas que hoy parecen garantizadas. La OMS advierte que la resistencia pone en riesgo muchos de los avances de la medicina moderna. Sin antibióticos eficaces, los procedimientos que dependen de la prevención de infecciones, como cirugías de gran porte, trasplantes, partos con complicaciones y quimioterapia, se vuelven mucho más peligrosos. Una infección común, que hoy se resuelve con un tratamiento simple, puede volver a ser una amenaza seria.
Cómo el uso incorrecto genera resistencia
Entender el mecanismo deja claro por qué ciertos comportamientos son tan perjudiciales. La resistencia no nace de un único acto, sino que se alimenta de patrones de uso inadecuado que se repiten a gran escala. Los principales son:
- Usar antibiótico para una virosis. Tomar antibiótico para una gripe o un resfriado no trata la enfermedad (que es viral) y aún expone las bacterias del cuerpo a la presión del medicamento, favoreciendo a las resistentes.
- Usar sin indicación médica. La automedicación lleva al uso en situaciones en las que no es necesario y, muchas veces, de forma equivocada.
- Interrumpir o alterar el tratamiento por cuenta propia. Cambiar el curso definido por el médico puede dejar bacterias vivas, y justamente las que mejor resistieron tienden a sobrevivir.
- Usar sobras o el antibiótico de otra persona. Esto suele significar el medicamento equivocado, en la situación equivocada, alimentando la resistencia sin tratar la infección real.
- Presionar por una receta. Pedir antibiótico al médico "por las dudas", incluso en un cuadro probablemente viral, contribuye al problema colectivo.
Los CDC sintetizan el punto central: cada vez que se usa un antibiótico, este puede causar efectos secundarios y contribuir al desarrollo de la resistencia. Es decir, no existe uso de antibiótico totalmente exento de consecuencias. Por eso la consigna de las campañas oficiales es el uso racional: usar cuando hay una indicación real, y no usar cuando no la hay.

Uso responsable de antibióticos
La buena noticia es que cada persona puede ser parte de la solución. El uso responsable de antibióticos no es complicado: es cuestión de seguir algunos principios y, sobre todo, confiar la decisión a quien tiene formación para tomarla. Reuniendo las orientaciones del NHS y de MedlinePlus, estos son los cuidados que marcan la diferencia:
- Usa antibiótico solo con receta. Solo el profesional de salud puede evaluar si la infección es bacteriana y si hay indicación. No te automediques.
- Sigue exactamente la orientación recibida. Respeta lo que el médico definió sobre cómo y por cuánto tiempo usar el medicamento, sin cambiarlo por tu cuenta, aunque ya te sientas mejor. MedlinePlus refuerza seguir las instrucciones con cuidado y terminar el medicamento según lo indicado.
- No interrumpas ni ajustes solo. Cualquier duda sobre continuar, parar o cambiar debe llevarse al profesional que lo recetó.
- Nunca compartas antibióticos. No uses la receta o el medicamento de otra persona, ni ofrezcas el tuyo a alguien.
- No guardes sobras para el futuro. MedlinePlus orienta no almacenar antibiótico para uso posterior. Desecha las sobras de forma adecuada.
- Previene infecciones. Lavarse las manos, mantener las vacunas al día y cuidar la higiene reduce la posibilidad de enfermar y, con ello, la necesidad de antibióticos. Hábitos generales de salud, como un buen descanso y dormir bien (algo que se cuida también frente al insomnio) y una alimentación equilibrada y variada que aporte nutrientes como la vitamina D, con fuentes de proteína vegetal como los cacahuetes, sostienen las defensas del cuerpo. La OMS destaca la prevención de infecciones como pieza central en el combate a la resistencia.
Fíjate que ninguno de estos cuidados implica elegir un medicamento o ajustar cantidades por cuenta propia. Al contrario: el hilo conductor de todos ellos es devolver la decisión a quien es responsable de ella, el médico.
La regla de la venta controlada en Brasil
En Brasil, la preocupación por el uso indiscriminado de antibióticos se volvió regla escrita. La venta de estos medicamentos está controlada por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa). La resolución RDC 20/2011 es el marco que organiza ese control, y establece puntos importantes para que el ciudadano entienda:
- Receta obligatoria. La prescripción de antibióticos debe hacerla un profesional legalmente habilitado. No es un artículo que se compre libremente en el estante.
- Retención de la receta. La dispensación ocurre mediante la retención de una vía de la receta en la farmacia, mientras la otra vuelve al paciente. Esto permite el registro y el seguimiento de lo que se vendió.
- Validez de 10 días. La receta de antibiótico es válida en todo el territorio nacional por 10 días a contar de la fecha de emisión.
- Uso único. En general, la receta se dispensa una única vez, con excepciones previstas para tratamientos prolongados.
Este marco existe por un motivo claro: frenar el uso innecesario y, con él, contener la resistencia. Cuando la venta exige receta y la farmacia registra la dispensación, se vuelve más difícil que el antibiótico se use por impulso, por indicación de mostrador o por cuenta propia. Es la traducción práctica, en forma de ley, de todo lo que las fuentes internacionales recomiendan.
Efectos secundarios y la microbiota
Como cualquier medicamento, los antibióticos tienen efectos secundarios. Los más comunes, según el NHS y MedlinePlus, son los del aparato digestivo, como náuseas, vómitos, sensación de estómago lleno, mala digestión y diarrea. También son comunes las manchas o erupciones en la piel y, en algunas personas, infecciones por hongos, como la candidiasis.
Cuando hay diarrea, mantener una buena hidratación ayuda a reponer los líquidos que se pierden. Un punto que merece atención es el efecto sobre la microbiota, el conjunto de bacterias que viven naturalmente en nuestro cuerpo, en especial en el intestino. Buena parte de esas bacterias es beneficiosa y ayuda en la digestión y en la defensa del organismo. El problema es que el antibiótico no distingue entre la bacteria que causa la infección y esas bacterias buenas: puede alcanzar a las dos. Esto ayuda a explicar por qué la diarrea es un efecto tan frecuente y por qué, en algunos casos, puede surgir una infección intestinal más seria, ligada a la bacteria conocida como C. difficile, que MedlinePlus cita como una posible complicación. Es un motivo más para reservar el antibiótico para cuando es realmente necesario.
Están además las reacciones alérgicas. El NHS recuerda que algunas personas tienen alergia a los antibióticos, en especial a la penicilina, y que las reacciones graves, aunque raras, son una emergencia. Señales como erupción en la piel, sibilancias, opresión en el pecho, dificultad para respirar e hinchazón en la cara o en la garganta exigen atención de urgencia inmediata. Por todos estos motivos, el uso de antibiótico debe ser acompañado por un profesional, que orienta sobre qué esperar y qué observar.
Mitos y verdades sobre los antibióticos
"El antibiótico cura la gripe." Mito, y de los más peligrosos. La gripe es causada por un virus, y el antibiótico no actúa contra virus. Tomarlo en la gripe no acelera nada y solo alimenta la resistencia.
"Si la secreción está amarilla o verde, necesito antibiótico." Mito. El color de la secreción forma parte de la evolución natural de muchas virosis y no indica, por sí solo, infección bacteriana. Quien decide es el médico.
"Puedo parar el antibiótico apenas mejore." Mito cuando se hace por cuenta propia. MedlinePlus orienta seguir la receta hasta el final, y cualquier cambio debe conversarse con el profesional que lo recetó.
"Un antibiótico más fuerte siempre es mejor." Mito. No existe "más fuerte" en el sentido popular. Existe el medicamento adecuado para cada situación, y esa elección es técnica e individual, hecha por el médico.
"La resistencia es problema del hospital, no mío." Mito. La resistencia se propaga en la comunidad, de persona a persona, y el uso de cada uno influye en el todo. Es un problema de salud pública colectivo.
"Usar antibióticos con criterio protege a todos." Verdad. El uso racional preserva la eficacia de los antibióticos para cuando sean realmente necesarios, para ti y para los demás.
Cuándo buscar al médico
La regla de oro es simple: ante una posible infección, quien decide sobre antibióticos es el profesional de salud, nunca la propia persona. Busca evaluación médica especialmente en estas situaciones:
- Síntomas de infección que no mejoran en el tiempo esperado o que empeoran.
- Fiebre persistente o alta, sobre todo si viene acompañada de malestar importante.
- Dolor de garganta intenso, con dificultad para tragar o señales que el médico necesite evaluar.
- Señales de infección en la piel, la orina u otras regiones que causen preocupación.
- Cualquier cuadro en personas más vulnerables, como bebés, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas o inmunidad reducida.
Y busca atención de urgencia ante señales de reacción alérgica grave a un medicamento, como hinchazón en la cara o en la garganta, dificultad para respirar y sibilancias, como advierte el NHS. El mensaje central es dejar el diagnóstico y la decisión de tratar en manos de quien tiene formación para ello. Resistir la tentación de automedicarse es, en sí mismo, un acto de cuidado con la propia salud y con la de todos.
Resumen: qué llevar de esta guía
Los antibióticos son medicamentos valiosos que tratan infecciones por bacterias actuando sobre estructuras que solo las bacterias tienen. Por eso, no funcionan contra los virus, y tomar antibiótico para gripe, resfriado o la mayoría de los dolores de garganta y toses no ayuda. El uso innecesario e incorrecto alimenta la resistencia antimicrobiana, que la OMS señala como una de las mayores amenazas para la salud global, ligada a más de un millón de muertes directas por año en el mundo. Usar antibiótico de forma responsable significa usarlo solo con receta, seguir exactamente la orientación médica, no interrumpir ni ajustar por cuenta propia, no compartir y no guardar sobras. En Brasil, la venta está controlada por Anvisa, con receta obligatoria y retención de la receta. Por encima de todo, la decisión de usar o no un antibiótico, y cuál usar, siempre es del médico. Ese cuidado protege tu salud, evita efectos secundarios sin necesidad y ayuda a mantener los antibióticos eficaces para cuando realmente sean necesarios, para ti y para las próximas generaciones.
Preguntas frecuentes
¿Los antibióticos tratan la gripe y el resfriado?
No. La gripe y el resfriado son causados por virus, y los antibióticos solo actúan contra bacterias. Los CDC y el NHS son claros: los antibióticos no funcionan contra resfriados, gripe y la mayoría de las toses. Tomarlos en estos casos no acelera la recuperación, expone a la persona a efectos secundarios sin necesidad y contribuye a la resistencia antimicrobiana. En estas virosis, el tratamiento se dirige a aliviar los síntomas mientras el cuerpo se recupera.
¿Por qué los antibióticos no funcionan contra los virus?
Porque las bacterias y los virus son completamente diferentes. Las bacterias son células vivas con estructuras propias, como la pared celular y la maquinaria para crecer y multiplicarse, y los antibióticos atacan justamente esas estructuras. Los virus no tienen esa maquinaria: invaden las células del cuerpo para reproducirse. Como el antibiótico no encuentra el blanco que ataca en las bacterias, simplemente no tiene efecto sobre el virus.
¿Qué es la resistencia antimicrobiana?
Es cuando bacterias, virus, hongos o parásitos dejan de responder a los medicamentos hechos para combatirlos, según la Organización Mundial de la Salud. En el caso de las bacterias, cambian con el tiempo y pasan a resistir el efecto de los antibióticos, volviendo las infecciones comunes más difíciles o incluso imposibles de tratar. Se considera una de las mayores amenazas para la salud global.
¿Puedo parar el antibiótico cuando me sienta mejor?
No por tu cuenta. MedlinePlus orienta seguir la receta hasta el final, aunque ya te sientas bien. La decisión de continuar, ajustar o terminar el tratamiento siempre es del médico que acompaña el caso. Cambiar el tratamiento por tu cuenta puede dejar bacterias vivas y favorecer el regreso de la infección. Ante la duda, habla con el profesional que lo recetó.
¿Puedo comprar antibióticos sin receta en Brasil?
No. En Brasil, la venta de antibióticos está controlada. La resolución RDC 20/2011 de Anvisa exige receta de un profesional habilitado y la retención de una vía de la receta en la farmacia. La receta tiene una validez de 10 días desde la emisión y, en general, solo puede usarse una vez. Esta regla existe justamente para frenar el uso innecesario y la resistencia.
Me sobró antibiótico de un tratamiento anterior, ¿puedo guardarlo para la próxima?
No. MedlinePlus orienta no guardar antibióticos para uso futuro ni usar las sobras por tu cuenta. Cada infección es diferente, y usar el medicamento equivocado, en el momento equivocado o de forma incompleta puede no tratar el problema y favorecer la resistencia. Lo ideal es no compartir antibióticos y desechar las sobras de forma adecuada.
¿Puedo usar el antibiótico de otra persona si los síntomas son parecidos?
No. Tanto el NHS como MedlinePlus advierten que nunca se debe compartir antibióticos ni usar la receta de otra persona. Síntomas parecidos no significan la misma causa, y solo la evaluación médica define si hay infección bacteriana y cuál es la conducta. Usar el antibiótico de otra persona puede enmascarar el problema, causar reacciones y contribuir a la resistencia.
¿Los antibióticos tienen efectos secundarios?
Sí. Como cualquier medicamento, pueden causar efectos como náuseas, vómitos, diarrea y manchas en la piel. Algunas personas tienen reacciones alérgicas, en especial a la penicilina, y el NHS orienta buscar urgencias ante señales como hinchazón en la cara o en la garganta y dificultad para respirar. También pueden ocurrir infecciones intestinales. Por eso el uso debe ser acompañado por un profesional.
¿Los antibióticos afectan la flora intestinal?
Pueden afectarla. Además de combatir la bacteria que causa la infección, el antibiótico puede alcanzar bacterias que viven naturalmente en el cuerpo, como las del intestino. Esto ayuda a explicar por qué la diarrea es un efecto común y por qué, en algunos casos, puede surgir una infección intestinal más seria. Es otro motivo para usar antibiótico solo cuando hay una indicación médica real.
¿La resistencia antimicrobiana es un problema solo mío o de todos?
De todos. La resistencia es un problema de salud pública colectivo. Las bacterias resistentes pueden propagarse de persona a persona y volver los tratamientos comunes menos eficaces para toda la población. La OMS estima que la resistencia bacteriana estuvo directamente ligada a 1,27 millones de muertes en 2019 y contribuyó a cerca de 4,95 millones. Por eso, el uso responsable de cada uno protege a la colectividad.
¿Cuándo debo buscar al médico en lugar de automedicarme?
Siempre que haya sospecha de infección que no mejora, fiebre persistente, empeoramiento de los síntomas o señales de gravedad. Solo el profesional puede decir si la causa es bacteriana y si hay indicación de antibiótico, apoyándose a veces en exámenes como un [hemograma](/es/examenes/hemograma) para entender mejor el cuadro. La automedicación con antibiótico está desaconsejada por todas las fuentes oficiales, porque puede retrasar el diagnóstico correcto y agravar la resistencia.
Referencias bibliográficas
- Antimicrobial resistance (Organización Mundial de la Salud, OMS)
- Antibiotic Use (CDC, Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU.)
- Antibiotics (NHS, Servicio Nacional de Salud del Reino Unido)
- Antibióticos (MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.)
- Resolución RDC n.º 20, del 5 de mayo de 2011 (Anvisa, vía Biblioteca Virtual en Salud del Ministerio de Salud de Brasil)
Autor
Equipe Editorial GuiaDeSaude
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